martes, 6 de septiembre de 2016

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Tadeo comenzó a caminar hacia el este, donde lejos se veía una granja, con la esperanza de que hubiera una casa cerca.
A medida que avanzaba la granja se hacía más grande y divisó un granero.
Mientras caminaba iba haciendo distintas Manipulaciones a modo de entrenamiento de agilidad. El cual consistía en realizar diversas materializaciones en una sucesión lo más rápida posible.
Entrenando así tanto la velocidad de creación como la atención múltiple y destreza general.
Luego de unas horas de caminata, pasado el mediodía, llegó al granero, el cual estaba abierto.
Entró saludando en voz alta.

- ¡Alto! - Lo detuvo en seco una voz.
¿Qué querés?

Tadeo vio a un señor mayor apuntándolo con una escopeta directo al pecho. Sus manos ancianas.no temblaban.

- H-hola... M-mi nombre es Tadeo. - Dijo levantando los brazos despacio por sobre su cabeza.
Vengo a pedir ayuda... Mi amigo está herido y necesitamos comida.
- ¿Cuál es tu maldición? - Preguntó el viejo, observando con atención las manos de Tadeo.
- Mi... ¿Qué? - Preguntó el Manipulador desconcertado.
- ¿Con qué "don" fuiste maldito hijo? ¿Qué podés hacer?
- Emm... ¿Cómo sab...?
- Tus manos. Son muy delicadas. - Lo interrumpió burlón.
No parecen conocer el esfuerzo. Seguro te fías de tus poderes para todo. Ahora decime. ¿Qué sos?

Tadeo se miró las manos entre ofendido y desconcertado.

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