miércoles, 14 de septiembre de 2016

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- Mmm Ya veo. Debo decirles que no soy una experta en temas de Manipuladores. De hecho siempre evadí esas artes. - Agregó en tono seco.
- ¿Por algo en especial...? - Preguntó cauto Cristian.
- Al principio no. Simplemente era orgullo y envidia supongo, por no haber tenido un don... Luego si, tuve motivos para despreciar esos supuestos "dones". - Había amargura en su voz.
- ¿Qué pasó? - Preguntó con la boca llena de tostadas Tadeo.
Emmm perdón. - Dijo después de tragar.
Si es que puede saberse...

Cristian miró a su amigo de reojo con cara de pocos amigos.
La vieja se quedó mirando a la pared durante un buen rato. Finalmente habló.

- Si puede saberse querido. - Comenzó lentamente.
Los Manipuladores han abusado de nosotros y de muchas otras personas por muchos años.
- ¿Eh? ¿Cómo? ¿Por qué? - Las preguntas de Tadeo se superponían.
- Ciertas personas con esos dotes, piensan ser una raza superior. Creen que tienen el derecho a tener lo que quieran y cuando lo quieran. Y se aprovechan de gente más débil, o menos preparada. O incluso de viejos solitarios como nosotros...
- Eso es repugnante. - Dijo Cristian.
¿Qué hacen?
- Últimamente nos visitan unos invocadores del fuego. Y amenazan con quemar nuestra granja si no les damos lo que piden.
- ¿Y qué piden?
- Comida. Dinero. Lo que sea que tengamos. Pero no son tontos. No se llevan todo. Se llevan la gran parte. Nos dejan con algo. Para que podamos seguir produciendo. Entonces así, se aseguran que no perezcamos.

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