lunes, 12 de septiembre de 2016

Página 82

Tanto Cristian como Tadeo estaban exhaustos, así que prepararon las bolsas de dormir que llevaban en sus mochilas, en el piso al lado de la cama de Julián, la cual estaba en una pequeña pieza y no tardaron mucho en dormirse.
Tadeo despertó temprano al otro día. La luz empezaba a colarse por la desvencijada ventana de madera.
La noche anterior no había prestado demasiada atención al improvisado cuarto. Ahora si lo contemplaba con interés.
Había polvo y telarañas por doquier. Al parecer no se lo usaba hacía muchos años.
Vio algún que otro cuadro colgado, y algunos retratos familiares, pero sus ojos se detuvieron sobre una imagen en blanco y negro, al parecer bastante antigua, de un niño sonriente. Con un rostro regordete y una boina sobre su cabeza. Un pequeño traje de marinerito era lo que llevaba puesto.

- Ese es mi Tomy. - Dijo la anciana a espaldas de Tadeo.
Es la última foto que tomamos de él. El día de su octavo cumpleaños.
- Entonces... ¿Éste era su cuarto?
- Si. Nunca fuimos de muchos recursos, pero él era feliz en este cuarto. Nunca necesitó de mucho para ser feliz. Podía pasar horas divirtiéndose con una simple ramita o un trozo de papel.

Tadeo se sintió incómodo por estar ocupando esa habitación.
La anciana, como si leyera sus pensamientos agregó:

- No te preocupes. Ya era hora de darle algún uso a su habitación. Lo único que hizo hasta ahora fue guardar polvo. Polvo y recuerdos...

La voz y la mirada de Marta se perdieron en sus pensamientos.
Luego de un rato volvió a hablar.

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