viernes, 26 de agosto de 2016

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La formación había cambiado involuntariamente. Ahora Cristian corría primero, seguido por Julián y último Tadeo.

- ¡Los estamos perdiendo! Sigan co... - Estaba diciendo Julián, pero se interrumpió al escuchar un chasquido más adelante.

Cristian había pisado una trampa al pie de un árbol. Una gruesa soga escondida por hojas en el suelo, la cual se envolvió en su tobillo y lo levantó por el aire a una altura de dos metros, cabeza abajo.

- ¡HIJO DE PUTA! - Gritó de sorpresa el atrapado.
- ¡Ya voy! - Gritaba Julián.

Se acercó a la base del árbol dispuesto a cortar la soga con la navaja de su mochila y frenar la caída de su novio con sus dones.
Pero al acercarse, pisó otra trampa. Ésta mucho más dolorosa. Una trampa para osos, con dientes serrados se clavó en su pierna.
Era una trampa escondida dentro de otra trampa. La activada por Cristian estaba pensada para atraer, mientras que la que estaba desgarrando los músculos de Julián era para incapacitar.

- ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhh! - El grito de Julián fue desgarrador. Le saltaron las lágrimas y sintió un dolor indescriptible que le subía desde la pierna. Inmediatamente comenzó a sangrar desmedidamente.
- ¡Nooooo! - Gritó Cristian.
¡Aguantá amor! ¡Tadeo! ¡TADEO VENÍ! - La desesperación era palpable en la voz de Cristian mientras colgaba cabeza abajo.

Los cazadores escucharon los gritos, y si bien estaban a unos 200 metros de su presa, sabían que ya habían ganado. Podían oler la sangre y el miedo en el aire.

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